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Llevo poco en esto. “Poco” es que desde 2013-2014 ya investigué cómo ser investigador. Sabía que era difícil, que la ciencia estaba maltratada, que cualquier excusa era buena para recortarla y que quien más quien menos acababa encontrando más futuro fuera que dentro. Pero aún así, quería intentarlo.

¿El mayor impedimento? El desconocimiento de que sí, un Dietista-Nutricionista podía hacer investigación. 

Si ya el desconocimiento hacia la profesión es imperante entre la población, resulta que también era ingente entre el mundo de la investigación. Pero que podíamos venía anunciado de largo, aunque de una manera mejorable.

Cuando se habla del perfil de competencias de un Dietista – Nutricionista, quizá el ámbito que aparece más tarde al mencionarse es el de la investigación, y casi siempre enlazado con la docencia. Aunque perfectamente podrían ser ámbitos separados. De hecho, como competencias de este perfil investigador y como competencias del titulado universitario, se establecen en resumen:

  • Impartir materias relacionadas con la alimentación, dietética y nutrición
  • Publicar documentos, manuales, libros y artículos de investigación.
  • Impartir cursos de actualización para otros profesionales
  • Realizar investigación básica y/o aplicada

El debate o la discusión sobre si sólo dos de estas cuatro funciones podrían ser propias del perfil investigador da para mucho; sin embargo, se asume en dicho papel al de la docencia y en ocasiones para poder hablar con el peso de la experiencia el perfil más ajustado al docente quizá sería el asistencial. Pero ese es otro tema.

Quizá es que ni nosotras mismas sabemos dónde podemos llegar, o qué es ser investigador.

Lo que ocurre es que gran parte de qué es el Dietistista – Investigador se desconoce; sobre todo, porque deberíamos preguntarnos qué podemos ser, para poder luego ahondar en ese ámbito.

La gente tiene más la imagen de aquel o aquella conferenciante que cuenta una investigación, el equipo de expertos en mesas de trabajo debatiendo sobre las nuevas medidas de salud pública o con la firma en varios papers. Sin embargo, es bastante más que eso. Es chuparse horas esperando una beca o haciendo un protocolo de cero, o incluso escribiendo una tesis con ahínco porque se cumplen los tiempos. Como cualquier otra profesión, vaya. Cansado me tiene el “Ah, ¿pero los dietistas (sic) hacéis eso?”.

Pero, ¿por qué investigar sí es una opción?

La investigación tiene muchos contras; el primero y principal es que se necesita paciencia. Pero tiene algunos pros: si te gusta, estarás donde quieres estar y harás lo que quieras hacer. Mi experiencia, particularmente, es bastante agria, pero siempre estuve donde quise estar y de otro modo habría sido muy difícil (esta realidad así como la cuento ha sido difícil de afrontar, pero también de entender).

En realidad, la investigación tiene más de tener varias carpetas de “Pendientes de leer” subdivididas por temas, va de saber utilizar zotero o pensar cuando te surge una idea en cómo lo harías que en qué te gustaría obtener como resultado (pensar en los primeros pasos, antes que en los finales). Va de tener bases de datos donde las columnas alcanzan las cuatro cifras; tiene más de esperar por la burocracia, que de contar nuevos proyectos; tiene más de robarle horas al sueño para leer y escribir, que de dejar el trabajo en la bancada.

Sin embargo, lo que no está escrito no existe.

La ciencia es una herramienta de cambio; un aparato que permite reivindicar (porque cualquier momento y lugar es bueno para reivindicar) y señalar un nuevo enfoque, hábito o estrechar el círculo ante una cuestión por décadas señaladas.

Aumenta la capacidad de sentirte útil en lo que haces, porque pones piedras al futuro de lo que has estudiado, y quien sabe si determinarás nuevas maneras que el día de mañana tus colegas aprenderán. Esa primicia, esa luz de guía, ese andar a oscuras y esa incertidumbre tienen un puntito de adrenalina.

Y porque la investigación nos iguala entre todas las profesiones; puedes haber estudiado lo que sea, pero en la investigación se trabaja codo con codo.

Y sí, es un medio para la docencia. Pero sobre todo para la divulgación, para transmitir cuál podría ser un camino a seguir; ayuda a que todo avance.

Cuando dije que quería hacer investigación (y quizá en un futuro a la docencia) me avisaron de que todo era una carrera de fondo. Tras una experiencia agria, años esperando para encontrar muchos rechazos y por fin algunas oportunidades,… a meses de quizá terminar mi tesis doctoral, tengo cada vez más claro que es una carrera de relevos.

Al final, ningún camino es fácil. Pero un camino que eliges tú se hace más llevadero.

Porque investigar sí es una opción, y que nadie crea que ningún camino está exento de piedras al principio, de baches, recodos sin visibilidad o de cuestas que mueren en el horizonte y no dejan ver más allá.

Lo importante es seguir remando; y mejor si no se hace en soledad. Por eso, nos hacía falta el CoJIIN 😉 

[Texto hecho a partir de la presentación para ADINU Valencia del mismo título, en la jornada “Graduat, i ara què?” celebrada en Valencia el 24 de noviembre de 2017]


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